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Los servicios consulares en la Embajada de Estados Unidos en la capital brasileña quedaron suspendidos "por motivos de seguridad" a partir de este viernes 2 de octubre, dos días antes de las elecciones presidenciales que enfrentan al actual mandatario Luiz Inácio Lula da Silva y el ultraderechista Flávio Bolsonaro, según informó la Administración de Donald Trump.
La sede diplomática recomendó a los ciudadanos estadounidenses que se encuentren en la nación latinoamericana que no se desplacen a sus instalaciones ni siquiera en casos de emergencia y los instó a que se comuniquen telefónicamente solo en caso de urgencia.
Ni la sede diplomática ni el Departamento de Estado ofrecieron más detalles sobre los problemas de seguridad ni los relacionaron con las elecciones del domingo. "Estamos colaborando estrechamente con nuestros homólogos brasileños para abordar las preocupaciones de seguridad", declaró un portavoz del Departamento en un correo electrónico este viernes citado por la agencia de noticias Reuters.
El servicio consular de Australia también se sumó a la medida y suspendió los servicios consulares a partir de este 2 de octubre, según un mensaje en el que cita las preocupaciones de Washington por motivos de seguridad.
Funcionarios de inteligencia de Brasil consultados por Reuters informaron que la Agencia Brasileña de Inteligencia (Abin) advirtió a finales de septiembre a las delegaciones de Francia y Alemania que viajaron a Brasilia sobre la presunta injerencia estadounidense y rusa antes de las elecciones brasileñas.
La visita de los funcionarios europeos evidenció la creciente preocupación a ambos lados del Atlántico por los esfuerzos del mandatario estadounidense Donald Trump para apoyar a candidatos afines en América Latina y Europa.
La Abogacía General de la Unión de Brasil (AGU) solicitó el jueves 1 de octubre una investigación formal a la Policía Federal y a la Fiscalía General de la República por presunta injerencia de Estados Unidos en las elecciones.
La investigación se basará en un reportaje publicado por el periódico británico 'The Guardian', que señala que el Departamento de Estado de EE.UU. habría entregado un millón de dólares a grupos para que denunciaran censura y prácticas ilegales presuntamente cometidas por el Supremo Tribunal Federal (STF)
El presidente brasileño, quien se juega su reelección en los comicios del 4 de octubre, ha insistido en sus sospechas por una posible injerencia electoral del Gobierno de Trump, un aliado del expresidente Jair Bolsonaro, cuyo hijo primogénito, Flávio Bolsonaro, es el principal candidato de la oposición.
De hecho, la suspensión de los servicios consulares no es el primer golpe diplomático del líder de la Casa Blanca en Brasil, ya que, a inicios de agosto, EE. UU. retiró el visado a la embajadora brasileña en Washington.
En paralelo, Trump ha impuesto aranceles contra una buena parte de las exportaciones brasileñas a ese país, lo que Lula da Silva interpreta como un intento de debilitarlo antes de la cita en las urnas.
La seguridad ha sido un tema que ha confrontado a Trump con Lula, al tiempo que ha evidenciado la sintonía entre el líder estadounidense y Bolsonaro, como quedó de manifiesto después de que el Departamento de Estado catalogara como organizaciones terroristas a las bandas de narcotraficantes brasileñas Primeiro Comando da Capital (PCC) y Comando Vermelho.
El gesto fue aplaudido por Bolsonaro y criticado por el Gobierno de Lula, que teme que esa medida pueda amparar una intervención militar estadounidense.
El presidente brasileño, Lula (gauche), está bajo la presión de Donald Trump (centro), quien ha ayudado al expresidente brasileño Jair Bolsonaro (droite), acusado de haber fomentado un golpe de Estado.
Más de 150 millones de brasileños están habilitados para votar el domingo para elegir presidente, en unos comicios que determinarán si la nación más grande de América Latina ratifica el giro a la derecha de la región o si traza su propio rumbo, después que líderes de la derecha triunfaran recientemente en Colombia, Perú o Chile.
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La última oportunidad que tenían los votantes brasileños para escuchar las propuestas de los principales aspirantes a la Presidencia antes de los comicios es esfumó el jueves 1 de octubre debido al rechazo del presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el principal candidato de la oposición, Flávio Bolsonaro, además de una inesperada intervención de la Justicia.
El primero en desistir fue el propio Lula, el miércoles, quien optó por dar una entrevista a la misma hora en el popular pódcast 'Flow'. El mandatario progresista justificó su decisión al definir el encuentro entre candidatos como "infructífero" y aludir a las "bromitas" que se producen entre rivales de poco peso.
Lula, quien lidera las principales encuestas, ha evitado compartir plató con los demás candidatos, mayoritariamente de derecha, que podrían concentrar sus ataques en él.
Paralelamente, una ráfaga de inéditos fallos judiciales obligó al canal de televisión Globo a cancelar el debate a pocas horas de su retransmisión.
Dos horas antes de la cita, Flávio Bolsonaro desistió de ir a los estudios de Globo en Río de Janeiro tras condenar "la censura vergonzosa" impuesta por el Tribunal Superior Electoral (TSE).
La decisión que motivó la negativa de Bolsonaro fue el fallo de la magistrada Estela Aranha, nominada el año pasado por Lula para ocupar un asiento en el TSE, quien prohibió a Globo exhibir el atril vacío de Lula durante la retransmisión del debate, como se recogía en las reglas pactadas previamente entre la emisora y los candidatos en caso de una ausencia.
La decisión, tomada con carácter de urgencia y en respuesta a un recurso de la campaña de Lula, también vetó a los otros aspirantes a la Presidencia de formular preguntas dirigidas al jefe de Estado, aunque estuviera ausente.
La jueza alegó un "potencial desequilibrio" que perjudicaría al líder histórico del Partido de los Trabajadores (PT) y resaltó el carácter "facultativo" de participar en los debates.
Casi al mismo tiempo, un juez de la Corte Suprema ordenó incluir en el debate al agitador ultra Renan Santos, abanderado del partido Misión, quien no había sido invitado por Globo al amparo de la legislación vigente.
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Tras anunciar la cancelación del debate, Globo condenó la "inseguridad jurídica" que generaron las sucesivas decisiones de la Justicia previas al debate, a las que interpretó como "una injerencia indebida en la libertad que tienen los medios" para organizar este tipo de encuentros.
Las principales asociaciones de prensa también manifestaron "su profunda indignación" por la "interferencia" y "agresión" de la Justicia.
En respuesta, Flávio Bolsonaro, a quien las encuestas sitúan muy cerca de Lula da Silva en las intenciones de voto, improvisó un coloquio con sus aliados en las redes sociales, en el que criticó a la Justicia y acusó a su rival de "huir del debate".
"Lula no solo no va al debate, sino que usa a sus amigos del judiciario para imponer la censura a TV Globo. Es triste e indignante", manifestó el abanderado del Partido Liberal (PL), quien pidió a los electores "su voto de indignación" para "resolver" los comicios en la primera vuelta ante "la gravedad de lo que está pasando".
La transmisión en directo de Flávio Bolsonaro alcanzó a medianoche picos de audiencia de más de 900.000 espectadores, mientras que la entrevista de Lula llegó a 1,6 millones de usuarios simultáneos.
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Con EFE, Reuters, AP y medios locales